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Hola a todos equipo. ¿Pensábais que me había olvidado de vosotros?, nada más lejos de la realidad. He querido dejar pasar unos días antes de contaros cómo fue esa experiencia para la que llevaba tanto tiempo preparándome. Os animo a que cojáis una tacita de café, té, o zumito y lo leáis con calma. No es tan largo como una carrera a pie de 36 km, pero no he querido dejarme nada.

Antes de nada, GRACIAS. GRACIAS INFINITAS  a todos y cada uno de vosotros con vuestros mensajes de ánimo, energía, mensajes el día antes y después de la prueba, llamadas…os aseguro que me hace realmente feliz poder compartirlo con vosotros y saber que, estáis ahí al otro lado. Os tuve presentes a lo largo de la prueba, e hicisteis que sacra más de una sonrisa recordando que estáis ahí. Tenéis un sitio en este post, como veréis. 😀

Dicho esto, vamos al lío. Espero poder transmitiros todas y cada una de las emociones que he vivido.

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Ya os había comentado que esta prueba era muy especial para mí, y sin duda, pese a ser la última de la temporada, es la que primero estuvo presente.

Ha sido un camino largo de preparación, pues es la primera vez que realmente me decidí a aprender a vivir el triatlón de verdad, y cuando digo esto, me refiero a ser constante, entender el porqué de cada uno de los entrenamientos que he ido realizando, el porqué hacer unas pruebas y no otras, la importancia del trabajo de técnica en el agua y en la carrera, vencer miedos. Un camino en el que has de dejar algunas cosas de lado por un tiempo, y un compromiso de verdad con uno mismo, aunque sea  a nivel amateur.

Por otro lado, el cuerpo y la mente necesitan años de adaptación a este deporte, así como a las pruebas de larga distancia. Este año ha sido realmente intenso por diversas circunstancias, entre ellas, sacar adelante este proyecto personal desde el cual transmito mi pasión, de manera que mi entrenador me ha sabido adaptar la planificación a la vida caótica que llevo.

El primero de los objetivos este año, era centrarnos en entender este deporte y entender la larga distancia, lejos de trabajar en hacer marcas. Os aseguro, que a lo largo de este tiempo, he aprendido infinidad de cosas.

Empezamos por trabajar la técnica de nado; si bien nadaba normal, en cada competición entraba en estado de ansiedad nada más meterme en al agua, y me agotaba enseguida. Aunque no he trabajado tanto como a mi entrenador le hubiese gustado, hemos conseguido poder salir entre las 5 primeras en todas las pruebas de este año, teniendo en cuenta que en algunas había deportista de categoría élite. El miedo se ha ido y he aprendido a manejar los nervios.

El resto, es otro cantar. En carrera, mucho trabajo postural y acostumbrar a mi cuerpo a tiradas largas, y no tanto trabajo de series, aunque aún nos queda un larguísimo camino en este segmento por trabajar esta temporada. El resultado ha sido bueno porque mi recuperación, tras grandes tiradas está siendo muy buena.

En cuestión de ciclismo, es lo que más me gusta, y hemos hechos kilómetros, trabajado la cadencia, la posición. Me gusta y es lo que más ganas y miedo al mismo tiempo, tenía frente a esta prueba de larga distancia. Como os comentaba en el post anterior, el desnivel acumulado ascendía a 3.548 metros, y nos enfrentábamos a 2 puertos de primera categoría, 2 de segunda , y otros dos más inferiores. Tela marinera vaya.

VIERNES 26- ZAHARA DE LA SIERRA (CÁDIZ)

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Llegamos el jueves por la noche. En este tipo de pruebas, es fundamental ir con tiempo, visitar el recorrido, estar tranquilo, esas cositas. Salidita para probar la bici, ver el recorrido de la carrera  a pie, y con el coche, parte del recorrido del segmento de bici.

Mi miedo a las bajadas de los puertos era máximo, pero tras ver el recorrido con el coche, ver el tipo de asfalto, zonas bacheadas (señalizadas con marcas amarillas por la organización), al menos, me quedé más tranquila de saber realmente a lo que me enfrentaba.

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Para mí, ver el recorrido de la prueba es como para Imelda Marcos sus zapatos, indispensable.

Así, ya tenía toda la tarde para preparar el material, alimentación y poder acudir a la charla técnica en un paraje precioso, ambiente chill out junto al pantano de Zahara de la Sierra con ésta al fondo.

Ya en la charla técnica, mis primeras lagrimillas de emoción. Ver al resto de triatletas, de los de verdad (como digo yo), sin postureo, tranquilos, sin escuchar batallitas de los ironman que han hecho (y eso que la mayoría de los que allí estaban, son grandes del triatlón, el sentimiento que se vivía en el ambiente. La charla de Ramón Arroyo, que esta vez no podía competir debido a su enfermedad, nos hizo entender que esta vez, él no podía participar, pero nosotros sí, pese a que cada uno teníamos nuestra “esclerosis múltiple” particular. Me emocionó mucho.

Cena normal, y prontito a la cama.

Sorprendentemente para mí, no estaba histérica, sí una mezcla de sensaciones y emociones muy dispares y que no sabría explicar, pero, ya estaba todo hecho, y por una vez estaba convencida de que iba a disfrutarlo al máximo como premio a todo el trabajo.

SÁBADO 27- 6:00 am

Suena el despertador, y en el silencio de la noche, sin apenas abrir el ojo, escucho la lluvia, mucha lluvia. WTF? No daba crédito. Abro la ventana y aquello era un festival,! estaba diluviando!.

En este momento, mientras preparaba el café, pensaba, ” Dios mío, lo que he soñado puede pasar, puede que me abra la cabeza bajando uno de esos puertos “ (tranquila pero drástica, un poquito). Sabía que con esa lluvia, mi problema con el frío (síndrome de Reynaud), la duración de la prueba y el riesgo en esas bajadas con curvas cerradas, la cosa pintaba muy, pero que muy malamente.

Aún así, cogimos todo: chubasquero, guantes y buff incluídos, y allá que fuimos. Teníamos que dejar las bicis y el matrial en boxes a  partir de las 7.15am, que era noche cerrada.

El panorama era desolador, todos empapados, con barro (el parking estaba en una zona de tierra), con frío, y con caras de no saber qué narices iba a ocurrir, pues no podíamos entrar en boxes.

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A las 8:00 am, un miembro de la organización, nos informa. El parte de la  Guardia Civil prohíbe  el circuito de bici por peligrosidad y las consecuencias causadas por la lluvia: piedras, desprendimientos, arroyos cruzando algunas carreteras, posibles problemas de hipotermia en una prueba de tal duración. Así, la organización, jueces de la Federación  y la Guardia Civil, determinan que no se hará la parte de bici.

Vaya festival. Mi ilusión se desplomó en una décima de segundo, quería llorar, no podía creer que no fuese a disfrutar de ese premio, de ese recorrido, de ese triatlón, de poder formar parte de la familia del Titán. Las caras de todos los que allí estábamos, solo mostraban tristeza y decepción, con las ganas infinitas que teníamos todos.

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Tras diversas discusiones entre organización y triatletas sobre cómo hacerlo, porque a priori, las opciones que nos plantearon eran inviables, se decide que se hará el siguiente formato: 4.000 metros de nado y 36 km de carrera a pie, variando el recorrido.

El Puerto de las Paloma, como esencia y filosofía de este triatlón, no podía quedarse fuera, de manera que si no lo subíamos en bici, lo haríamos a pie. Una subida de 16 km, con su bajada correspondiente, paso de nuevo por boxes y los últimos 4 kilómetros aproximadamente que nos llevarían a lo alto de Zahara de la Sierra con la llegada en la plaza. La prueba daría pues comienzo a las 10:00 (hora y media más tarde de la inicial).

La tristeza e impotencia me invadían, lloré, yo quería hacerlo, no me importaba si lo iba a hacer rápido, lento, solo quería poder hacer el Titán con todo lo que conlleva. Se había convertido en una necesidad casi vital, y ahora, no era posible. Mi cabeza estaba preparada para eso y no para hacer otra cosa que encima, no me satisfacía en absoluto.

Aquel panorama era para verlo. La decepción y pena que tenía eran enormes, y las ganas e ilusión se esfumaron por completo. Todos de nuevo a dejar las bicis en los coches, triatletas, que con pena, impotencia y rabia, tomaron la opción de no hacer aquello que proponían.

En esos momentos, muerta de frío, con una café, entre la llamada de mi amiga Clara al enterarse de lo ocurrido, me pongo a llorar otra vez. Gracias a la mujer de Ramón Arroyo, por ese café y sus palabras de ánimo. A 20 minutos de que comenzara la prueba, yo aún ni había entrado en boxes, ni puesto el neopreno ni sabía qué hacer.

Ya puestos, con todo lo que había zampado estos días, al menos, vamos a mover el body. Neopreno, todas las bolsas en mi cajón de boxes y al agua que fuimos los 206 triatletas que quedamos. 2 vueltas aun circuito señalizado con 2 boyas.

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La primera vuelta, fui muy cómoda y avanzando sin problemas, disfrutando al máximo y sin agotarme. De la 1ª a la 2ª boya, con el pueblo de Zahara de la Sierra a la derecha, precioso, y antes de llegar veo a José. Bien. Segunda vuelta, sigo nadando bien y cómoda, pero ¿Cómo en un embalse puede haber oleaje?, pues lo hubo, tanto es así que alejó una boya, (por lo que luego comentamos entre nosotros, y los metros que salieron fueron en torno a unos 4.600 aprox.) Venga a dar brazadas y seguía en el mismo punto de referencia, madre mía. Tras lidiar con aquello, salí del agua muy bien.

Al llegar a boxes me dicen que soy la 3ª chica y yo súper contenta. Me lo tomo con calma en boxes, y además desde aquí, besazos a los que allí estuvieron animándome (tenemos un café pendiente 🙂 ). Tanto, que cuando salgo de la transición me doy cuenta que olvidé el dorsal, ale, a volver otra vez.

Carrera a pie: empiezo bien, establezco ritmo crucero, aquello iba a ser largo de narices, así que al tran tran y ritmo cómodo. Empezamos a subir y en la zona del primer avituallamiento muchísima gente animando; continué sin pararme. En ese momento me coge José y empezamos a correr juntos. él va perfecto, así que le pido que haga su carrera.

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A la altura del kilómetro 7 y 8, mi cabeza me dice que hasta aquí, que esta no era la idea. Me entra la misma ansiedad que hace un año en el agua, y me paro en seco. Se me pasan mil cosas por la cabeza, sigo en modo off. Los compañeros que pasan, todos y cada uno con una sonrisa, animando. Una auténtica pasada. Pero, mi cabeza y mi ánimo estaban por lo suelos.

Daba pena no, lo siguiente ( y si no, juzgad vosotros mismo la cara que llevo, os prometo que sonreí peor me cazaron mal 🙂 ). Mi cabeza no estaba donde tenía que estar. En ese momento, me pasa una chica inglesa, majísima (luego nos vimos al final), pero soy incapaz de que mi cerebro mande órdenes correctas. No sé sufrir en carrera, y eso, tengo que trabajarlo.

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José, me esperó y entonces me dijo algo que me puso un poco las pilas y comencé a trotar de nuevo. No se separó de mí ni un sólo segundo de la carrera, y si no llega a ser por él, no sé si la hubiese hecho, porque no era lo que quería. Poco a poco íbamos sumando metros, curvas, nos cruzábamos con otros compañeros, siempre había una palabra de ánimo y sonrisas. Ver a compañeros que sigo en redes sociales, como a Juanfran López Garrido con sus plumas en el brazo, la sonrisa de la ganador, Cristina Loring, Ver bajar a Iván Tejero (ganador de la prueba), todo eso lo hacía especial. Una vez llegamos a lo alto del puerto, con lluvia tuve que pararme a  ver el paisaje y todo lo que habíamos subido, me parecía mentira.

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En la bajada la gente iba “enhufada” y nos adelantaron un montón: Yo le dije a José que prefería mantener el ritmo en lugar de dejarme ir, y menos mal, porque sin no hubiese hecho los últimos kilómetros en plan cadáver., y no volvía a pararme ni una sola vez, salvo en el último avituallamiento en boxes para coger naranja, esta fruta es lo único que tomé durante la carrera a pie, y agua.

Ya bajando, aún quedaban kilómetros: volver a la zona del embalse, girar, y subir al pueblo con sus empinadas cuestas ( claro que, después de subir Las Paloma durante 16 kilómetros, esas últimas rampas fueron casi lo más fácil de todo). En este momento, iba concentrada, e iba pensando por tramos (“venga, hasta la siguiente curva, hasta el siguiente cono”, y así, siguiendo uno de los consejos de Chema) José me dice que avance para que entre en meta sola. Una de sus tonterías. Después de acompañarme durante toda la carrera?. En una de las zonas de paso, estaba una pareja que no dejó de animarnos ninguna de las veces, y de gritar “My training shoes” 🙂  (gracias infinitas chicos). Sin darnos cuenta ya nos quedaba nada, íbamos calados, pero ya estábamos casi allí arriba.

Últimos 80 metros, lo único llano de toda la carrera y… cruzamos la línea de meta. Como una magdalena empecé a llorar de la emoción y otras sensaciones que afloraron en unos segundos. Ya estaba hecho, no lo que me hubiese gustado, pero ya estaba hecho.

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Noelia, una lectora del blog, vino a darme un abrazo (su marido, también había corrido), y me alegró muchísimo. Son estas cosas las que hacen que los esfuerzos valgan la pena.

Bueno, pues tras esta “chapa” que os he echado, si queréis saber qué siento ahora, es vacío. No me siento “Titán” porque no hice tal prueba. La carrera no me salió bien ni supe afrontar un formato diferente; sufrí mucho de rabia, estaba decepcionada, pero disfruté al mismo tiempo del ambiente, de hacer la carrera junto con la persona que me ha traído hasta aquí, y bueno, nunca había corrido más de 25 Km, y esta vez fueron 36Km.

Si miro hacia atrás, he aprendido muchísimo a lo largo de este camino, y me quedo con eso y…con ganas de bici. Ahora toca un pequeño período de reflexión y empezar a planificar una nueva temporada: Seguir trabajando mucho, aprendiendo y sacar lo máximo de mí.

Son muchas las personas que habéis estado ahí, no sólo aguantando mis parrafadas, mis horas de entrenamiento, mis miedos, sino escuchándome y apoyándome, y aún no sé cómo dar las gracias a todos y cada uno de vosotros.

Gracias a mis amigas de fatigas y risas: Cristina, Paula, Clara, Eva, Alba y Laura, por estar tan pendientes de mí en todo momento. A mis amigas de siempre, porque aunque no nos veamos, están ahí, Marta, Patricia e Inés. A mi familia, que son todo para mí y me comprenden, que no es poco y apoyan incondicionalmente. Gracias mis compañeros del X3M Majadahonda, a Jaime Menéndez de Luarca y a Sonia Bejarano. Gracias a Ángel Sevillano y Tom Tom por ayudarme, así como a Juan Manuel de Virklon, por hacerme la equipación tal y como diseñamos.

Gracias a mis compañeros de Físico por cubrirme las clases todas las veces que he tenido que viajar a las competiciones este año, y a los socios de Físico por darme fuerzas y ánimos en las clases. A Where is the Limit ( Pep, Josef, Miriam Albero, Miriam, Mercé, Dani Nafría, Ana Godoy, Valentí,Judith Corachán, Jordi, Borja y Marc), espero que este año me acompañéis a más retos :-). A Agustí y mis compañeras de Triwoman. A Chema Martínez por compartir momentos de entrenamiento y consejos.

Gracias a amigos por sus palabras y mensajes, Manu,  María Elena, Olaf, Martín, Belén, Marta, Margrit. A amigos que he tenido el placer de encontrarme este año:  Elena, Silvia Ariza, Gemma Payá, Carlota, Aitziber… A Ñusi Martos, a Dessy, Raquel Galiano, Guille Mosquera, Vir _37, a Fernando de Asturias, A Noelia y a su marido, A Rebeca y Mr. Trendy,  Y A TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS POR VUESTROS MENSAJES. He intentado contestaros a cada uno, y espero no haberme dejado a nadie sin contestar tanto en Instagram como en Facebook, si es así, ruego me disculpéis, porque todos me habéis dado fuerzas y todos corristeis el sábado.

Y por supuesto, gracias a José, que ya le he dicho todo.

Como os dije, allí estuvisteis y espero sigamos estando compartiendo nuevas aventuras.

Nos vemos pronto, y como siempre, en INSTAGRAM y FACEBOOK.

Espero que os haya gustado. No penséis que vengo cansada ¿eh? Porque vengo con fuerza para aburrir y con muchas más ganas de seguir creciendo 🙂 y como digo siempre: NEVER GIVE UP, no abandonéis aquello por lo que lucháis. 🙂

Besos mil y gracias por leerme.

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Algunas de las fotos han sido tomadas de la web www.triatlontitan.com