Buenos días, ¿Cómo estás?,¿Qué tal llevas estos primeros meses del año?. Madre mía, sin darme cuenta ya estamos en Mayo.
Lo sé, hace muchísimo que no me paso por aquí, y te mereces una explicación. Todo está bien, pero me tome un tiempo para ocuparme de cosas importantes, recuperar la dirección, el foco… y de eso precisamente vengo a hablarte hoy.
Esta no es una newsletter cualquiera, de hecho llevo meses postergando escribirte, pero ya no podía esperar más porque te debo una explicación de por qué he estado tan ausente por aquí y en redes. Para poder seguir evolucionando, creciendo y aportando he necesitado centrarme en estar conmigo, alejada del ruido y ocuparme de reconstruir para seguir construyendo. Entenderás todo cuando llegues al final.
«He aprendido a derrapar y frenar con la pared», que cantaría Fito.
Llevaba escrita esta entrada desde hace meses, pero no sé por qué no acababa de compartirla contigo. Es una manera de soltar, y redefinir lo que sí es importante.
Te comparto las lecciones que o bien he aprendido o bien he reafirmado a través de la experiencia propia, nada de ciencia, y que sientan las bases de lo que hago y la forma de entender cómo lo hago y por qué lo hago de esta manera.
Últimamente leemos y escuchamos mucho sobre el concepto de resiliencia. Desde le punto de vista fisiológico en el ámbito del rendimiento deportivo, pasando por estados vitales. Sobre el concepto de fuerza, ya sea ésta física, emocional o mental. Sobre la coherencia con lo que pensamos, decimos y hacemos.
Pues bien, el deporte de resistencia me ha enseñado a entender en su máxima expresión cada uno de estos conceptos. Y las experiencia vitales, también. Y de una forma u otra te van ayudando a moldear tu carácter indistintamente. Es decir, el foco y constancia que empleas en tu entrenamiento, te ayudan al enfoque en el ámbito personal y profesional y viceversa.
Y aunque podría escribir un libro contándote mi historia más reciente, iré al lo importante, sin rodeos, sin mucho detalle tampoco, pero sí con lo suficiente para compartir cómo me ha cambiado la vida estos últimos años, estos últimos meses de pura tensión y cómo todo eso ha hecho enfocarme en cuidarme mucho más aún por dentro para poder compartir hacia fuera. Y ahora ya sí… hacer las cosas sin pedir permiso.
Y al final, entenderás por qué en ciertos momentos, alejarse del ruido para seguir construyéndote, sin distracciones, es la mejor forma de resiliencia, paciencia y confiar en tu propio proceso para dar el siguiente paso.
Todo comenzó en Febrero de 2023, cuando un día, pregunté a mi pareja qué le pasaba y qué nos estaba pasando. En ese momento me dijo que ya no podía más.
Estaba claro que la comunicación no fue nuestro fuerte porque de ser así, lo lógico hubiese sido abordar el tema antes de llegar a ese punto.
Lección I: Cualquier problema en esta vida se soluciona con la valentía de una buena conversación a tiempo. Las conversaciones difíciles no son una conflicto, son necesarias.
En ese momento mi mundo se vino abajo en un segundo. La angustia vital fue tal que no soy capaz de expresarlo con palabras. Pero la cosa era que había que actuar.
Al día siguiente me propuse hacer todo lo posible por solucionar mi parte del problema ( que ojo, había mucha tela que cortar por mi parte). y tratar de que, tras 10 años de relación que iba a ser para siempre, se reconstruyese.Y cuando digo hacer todo, créeme fue dar mi 500 % a todos los niveles: comprensión, comunicación, dar espacio, gestionar mis emociones, hacer frente a mis miedos y traumas y como no.. hacer la vista gorda.
Sólo pedí una única cosa que para mi es la base FUNDAMENTAL, VITAL de cualquier tipo de relación: NO MENTIR NUNCA.
(Esto aplica a mis relaciones con familia, amigos, compañeros de trabajo, alumnos…con absolutamente todo el mundo).
Leí el otro día lo siguiente en Instagram:
«Cuando una persona es realmente importante para ti, no le fallas.Al menos, no desde la consciencia.Existen errores involuntarios, sí: esos que ocurren sin querer, sin darnos cuenta. Porque la perfección no existe, y por eso también existe el perdón.Pero el amor y el aprecio no conviven con el dolor causado de forma consciente.”
Pues debe ser que ese idioma no se entendió, o probablemente sí se entendió, suficientemente bien, pero se eligió el camino más fácil, más egoísta y el que más dolor puede ocasionar a alguien. Mentir constantemente a sabiendas del dolor que se provoca.
Muchos podrían pensar que son cosas mías pero cuando uno va, yo ya he ido, he vuelto mil veces. Primero porque tengo una intuición que asusta y segundo porque tenía una lista de hechos objetivos y cosas que sólo tenían una única manera de interpretarse. Insisto, cosas totalmente objetivas ( que puedes ver, leer, escuchar …nada de imaginación) que formaron una larguísima lista durante 8 meses.
Comía mal, apenas dormía, tenía ataques de ansiedad por la noche en casa, lloraba ante la impotencia de esforzarme por reconstruir, de hablar de frente… estaba ocupándome de dos frentes, el mío personal y el de mi relación.
Y para más inri, la preparación de un Ironman con todo lo que eso conlleva.
Pero tenía claras varias cosas dentro de tantísimo caos. Por un lado, estaba aprendiendo muchísimo con mi terapeuta sobre la gestión de emociones, afrontar mis miedos del pasado y tener cierta quietud y paz mentales para conmigo. Si no dormía no era por mala conciencia de algo que estuviese haciendo o dañando a alguien, de eso podía estar más que tranquila.
Por supuesto, tener a un círculo de amigos y una familia maravillosos, que me han sostenido desde entonces, es un hecho que me hace sentir más que afortunada. Por que sin este entorno que me cuida, sostiene, me dice lo que no quiero escuchar y no me sueltan… las cosas hubiesen sido infinitamente más complicadas,
En segundo lugar, tenía el foco de prepararme al 200 por cien para ese Ironman y disfrutar y dar lo mejor de mi el día de la competición. Tenía muchísimo foco y obsesión por hacerlo lo mejor que pudiese. Eso dependía de mi totalmente porque no dejaba que la mierda que tenía en casa me impidiese vivir esa prueba. Y aunque esa preparación la hice totalmente sola, porque uno tuve compañía ninguna, era el modo de refugiarme y centrarme en algo que sabía dependía solo de mi.
Lección II: Confiar en el proceso y dar lo mejor que tengas cada día de ti. Tener foco en lo que sí depende de ti.
Y aunque estaba tremendamente rota por dentro, no sé cómo, pero esa prueba fue un regalo a todo lo que me había esforzado. Te conté la crónica en su momento, fui muy feliz durante las 10 horas y media de competición. (puedes leerla AQUÍ CHALLENGE ROTH, para fue fue realmente especial)
La cosa era sencilla de entender y yo lo entendía a la perfección, somos lo que hacemos y siempre digo que nuestra libertad radica en la capacidad de elegir, y a ser posible, elegir ser buenas personas.
Con el paso de los meses, pese a escuchar que sí, pero ver que no tomaba acción, pues tuve que tomarla yo, con todo el dolor de mi alma pero eso no iba a permitirlo más tiempo. O te quedas o te vas…y como no haces ninguna de las dos cosas porque no tienes valor a tomar acción, lo hago yo una vez más.
El otro eligió romper una y otra vez lo único que había pedido que no hiciese…y llega el momento en el que todas cuenta que el amor y respeto a uno mismo está por encima de algo que no existe, por mucho que te quieran vender la moto.
En todo este tiempo, y hasta la fecha jamás he levantado el tono de voz, me he trabajado lo suficiente para no dejar que el dolor, el enfado, y todas esas emociones que uno tiene me llevasen a hacer o decir cosas que no sentía o podían hacer daño. He intentado por todos los medios habitar un ambiente lo más relajado posible (dentro de la tensión interna que cada uno vive) para podar hablar de cualquier tema sin miedo, desde el respeto y siendo franca. Y reconozco que me alegro de haberlo hecho así, no dejándome dominar por la parte más instintiva y emocional, porque ha hecho que sea aún más fuerte y pueda irme a la cama cada día sabiendo que hago todo lo que está en mi mano para mostrar lo que siento y pienso en cada momento.

Hay personas, que, piensan que el sentarse a hablar de cosas incómodas supone crear un conflicto. Pero es que la vida tiene cosas muy incómodas, nos gusten o no, y no se solucionan escondiendo las orejas.
Pasan los meses, y aunque había vivido un duelo durante aquellos meses (sólo mis amigos y familia lo saben), el después, fácil, lo que se dice fácil, pues tampoco fue. Máxime si tenemos en cuenta que, teníamos algo en común, un negocio que habíamos ido construyendo en los últimos 6 años y del cual estábamos muy orgullosos.
Un negocio que, apareció en un momento inesperado. Un traspaso, en una zona que nos gustaba y la oportunidad de crear algo que habíamos querido. Por fortuna, tuvimos la inmensa suerte de que mi bendito padre nos prestó el dineral del traspaso…en caso contrario, nada de lo que había y hay actualmente existiría. (Gracias papá por estar siempre).
Yo había aprendido a estar tranquila, a mirar desde otra perspectiva, siempre desde el amor, el respeto y el cariño. Aunque seguía doliendo, pero de otra manera.
No puedo resumir los dos últimos años en pocos párrafos, pero sí puedo afirmar que todo lo que he hecho y hago lo hago desde el respeto, de frente, hablando (eso ya lo había aprendido recuerdas? )… y que si hubiese o hay algo que incomode a alguien y no soy consciente, decírmelo arregla las cosas. Si me equivoco, no me cuesta pedir perdón.
Lección III: Cuando algo te haga sentir mal, te haga daño o no te guste, háblalo con la persona implicada; ya sea tu jefe, tu madre, tu mejor amiga, tu vecino… sólo así las cosas podrán solucionarse. Si hago algo que te hace sentir mal, pero la otra persona no lo sabe, difícilmente podrá corregirlo.
Llega julio del pasado año, y se me expone una situación relativa al negocio. Un local se queda libre y sería perfecto para trasladar todo allí ya que es mucho más grande. Las matemáticas a mi no se me dan muy bien pero, casi el doble de alquiler, meses de verano de por medio y unos datos actuales de negocio con cifras negativas, una inversión brutal en el negocio el verano anterior…no sé Rick , no lo veo.
Mi postura era ciertamente que no, que no era el momento y que haciendo números, no salían las cuentas. No me gusta hacer las cosas con prisas y sin analizar todos los escenarios posibles.
Pues oye, te vas de vacaciones una semana y cuando vuelves te enteras, de chiripa, que tu socio ha alquilado ese local por su cuenta. ( a comunicación sigue sin ser el don de muchos) . Pues las cosas ya se ponían muy diferentes como te puedes imaginar. Y mi postura seguía siendo exactamente la misma solo que, ahora había que tratar otros temitas relativos a un negocio que habíamos construido y que ahora son menos agradables de discutir.
Exigí que hasta que las cosas no estuviesen resueltas como deberían, no se comunicaba de forma oficial ese cambio a los alumnos , clientes, pero que era necesario hacer las cosas bien ( te recuerdo que yo no tome ninguna decisión a escondidas que pudiese perjudicar a otro).
Pues el caso que, el lunes primero de Noviembre, a la hora de apertura de las clases, allí no había nadie…). Y aunque era algo que ya venía venir, no deja de sorprenderte.
Cuando crees que ya no se pueden hacer las cosas peor… hay alguien que las supera.
Y sí, la mitad de los alumnos de repente no aparecen, y no porque hubiésemos comunicado la situación de forma honesta y conjunta a todos ellos …por que yo no dije ni una palabra.
¿Qué fue lo peor de todo esto?, no es quedarte con un negocio cuya disolución formal y legal no se ha realizado aún no. Lo peor es darte cuenta de que las personas de las que te rodeabas, las que habían estado en tu “casa de entrenamiento” , muchas durante 7 años, a las que has entrenado, con las que has compartido experiencias, sesiones de entrenamiento etc. no tienen ni la educación ni la valentía de despedirse.
Eso sin duda es lo que más me afectó a nivel emocional. Por que no puedo entenderlo ni concebirlo, sin más. Lo cual me hace pensar estar rodeada de gente muy pobre, mediocre. Y con pobre me refiero a : falta de valentía, mala educación y una falta de sensibilidad brutal.
Que no pasa absolutamente por cambiar tu lugar de entrenamiento, sólo faltaría, pero un “Oye Isa, que mil gracias pero voy a irme a entrenar con X”. De verdad que es algo tan sencillo que me cuesta entender que no se hagan las cosas ni medio bien.(sólo 5 personas lo hicieron).
¿Por qué cuesta tanto decir las cosas?
Y eso me lleva al siguiente punto de radicalizar aún más mi postura frente a las personas de las que me rodeo, con las que trabajo, con las alumnas que entreno… exijo que, como mínimo, todos tengamos la suficiente valentía y responsabilidad de hablar las cosas cuando tocan. Sentido común. Y en caso contrario, no quiero a personas así cerca.
Con todo y con esas, no era el momento de ponerme a crear contenido, de escribir, de crear…tenía que centrarme en una única cosa. Retomar el rumbo del estudio de entrenamiento, darle un nuevo enfoque, dirección en la forma de hacer las cosas, en la forma de hacer sentir a los alumnos, en sacarlo adelante e ir aún más allá. Ahora está en mis manos, y es eso lo que me ha tenido totalmente abstraída de todo lo demás.
Y esa es la razón por la que he estado tan ausente de todo lo demás.
Y aún así, mi negocio tiene diferentes frentes: Un Programa Virtual que llevo desarrollando y manteniendo ya 6 años, alumnas del Programa Runner Woman que merecen mi atención plena, colaboraciones y proyectos con marcas, y por supuesto, mis entrenamientos…que he rechazado conscientemente porque ya no podía con todo.
Han sido meses de mucha tensión, pero por otro lado, decidí pisar el freno y me dije: “Isa, paso a paso. Sin prisa. Aparca unas cosas ahora, focalízate en lo que tiene importancia ahora. Y confía en el proceso y en el buen hacer” Y eso hice, por eso he estado tan ausente de las redes, de escribir artículos nuevos en la web, de crear contenido que te aporte valor etc.
Por una vez me he permitido darme espacio, dedicarme a crear una nueva manera de hacer las cosas en mi estudio de entrenamiento; de poner los entrenamientos y competiciones en un segundo plano; de dedicar mas tiempo a mis padres, a los amigos que han estado siempre, a mi Burpee…y ahora siento que ha merecido y merece la pena haberlo hecho así.
Un tiempo en el que he reordenado y reafirmado cómo quiero hacer las cosas, desde lo más auténtico, desde los principios que sustentan mi manera de ser y de ser totalmente asertiva con todo y con todos.
Por eso también ahora, soy más radical o menos permisiva con las personas de las que me rodeo. Sé lo que es ser resiliente, sostener mil frentes, ser responsable aunque las circunstancias sean complejas… No me gustan las excusas, la falta de responsabilidad, la falta de comunicación ni la falta de compromiso.
También, he aprendido a soltar y delegar, algo que, como Capricorniana me cuesta infinitamente. Y agradezco a mis padres, a amigos y ahora a las personitas que trabajan conmigo que me estén ayudando a descargar toda la responsabilidad.
Han sido meses realmente intensos de cerrar cosas, de mucha decepción que he aprendido a aceptar; Aceptar que no podemos esperar que las personas actúen como lo hacemos o haríamos nosotros.
He aprendido en todo este largo tiempo, que madurar es comprender que nadie puede darte lo que no tiene. No es personal, es así. Sólo quien es honesto consigo mismo, lo será contigo. Quien no hace las paces con su pasado, tampoco podrá darte paz. Y así con todo.
No es que no quieran, es que no pueden. Y entender esto me ha dado mucha tranquilidad.
Como canta Rosalía, estaba exhausta de estar ocupándome de tantos frentes, “ la omnipresencia me tiene agotada”, y he necesitado tiempo, mucho o poco no lo sé, pero decidí ir con mucha más calma en ir reconstruyendo y encontrando mi calma interna, la paz de todo mi entorno y el resto de tareas, haciéndolas poco a poco. Y esto quizá es lo que más pueda costarnos en un mundo en el que todo avanza a velocidad de vértigo, y te da la sensación de quedarte atrás cuando no quieres seguir ese ritmo..al menos no entonces.
Pero vale la pena. Siempre digo que, podemos con todo, pero no todo a la vez si lo que queremos construir queremos sea duradero.
Habrás escuchado eso de : “Nadie es imprescindible”…y hasta hace poco, lo creía así también pero…me he dado cuenta que a esa afirmación le falta la parte más importante: “nadie que no hace las cosas desde la verdad es imprescindible”…
No sé si esto llegará a hacerte reflexionar, espero que sí, al menos a pararte por un momento a pensar si lo que estás haciendo lo haces desde la verdad y te lleva a ese punto en el que quieres estar siendo coherente y honesto. Contigo y con los demás.
Espero te haga mirar hacia dentro y escucharte: silenciar el ruido y hacer caso a lo que de verdad sí es importante, y esa persona eres tú. Si haces las cosas desde la coherencia o te dejas llevar por no salirte del camino marcado.
Confío te haga reflexionar si cuidas a las personas que de verdad se preocupan por ti y te quieren, aunque te digan cosas que no te guste escuchar. (Estas son las personas que vale la pena tener cerca).
Espero haberte transmitido que, pese a vivir momentos difíciles, que todos los vivimos, sentir que todo se viene abajo y que la herida que tengas sea tremendamente profunda, únicamente el aprender de ti, el no dejar que la “mala hostia” domine tus acciones y tomarte tiempo para sanar y perdonarte aquello que necesites…es más que necesario y te ayudará a ver todo con una perspectiva mucho más clara.
Pero hay que tenerse paciencia con uno mismo, y correr en estos casos, no nos lleva demasiado lejos.
Una vez más, gracias de corazón por haber llegado hasta aquí y por respetar mis tiempos , seguir acompañándome y esperándome desde el otro lado.

Acepto la política de privacidad
Desarrollada por Unagi Productions




